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Ruta 151: Vaca Muerta mueve millones y en Catriel nos avisamos dónde están los pozos para volver vivos

El sábado viajé esquivando pozos. El domingo pasé junto a una tragedia. Hace once años sobreviví a un vuelco en esa misma ruta. ¿Hasta cuándo vamos a seguir indignándonos sin organizarnos para exigir que la arreglen de una buena vez?.

Por Elio Carrasco | Comunicador y director de VientoSur Noticias

El sábado 17 de octubre viajamos con mi pareja desde Catriel hasta Cipolletti. Fuimos al casamiento de una prima. Un viaje que tendría que haber sido simplemente eso: salir, disfrutar de una fiesta en familia y volver a casa.

Pero apenas agarramos la Ruta Nacional 151 empezamos a encontrarnos con los pozos. Lo de siempre, lo normal.

Había muchos. Algunos enormes. Partes de la ruta deformadas, huellas profundas en el asfalto, banquinas destruidas y lugares donde teníamos que prestar muchísima atención para no romper una rueda o perder el control del auto.

Unas horas antes habían viajado mi papá y su pareja. Nos avisaron dónde estaban los pozos más complicados y en qué sectores había que tener especial cuidado.

Ellos se comieron algunos. Nosotros también. Por suerte no nos pasó nada.

Cuando hablamos después sobre el estado de la ruta, todos usamos la misma palabra: criminal.

Y no fuimos los únicos.

Durante el casamiento, varios familiares que también habían viajado desde Catriel contaron experiencias parecidas. Todos tenían algo para decir: pozos nuevos, otros que habían quedado peor después de las lluvias, sectores deformados y maniobras peligrosas de algunos conductores. Los factores de riesgo se multiplicaban en cada charla.

En algún momento me quedé pensando en algo que quizás sea todavía más preocupante que los propios pozos.

Nosotros ya nos acostumbramos a esto.

Nos acostumbramos a avisarnos entre familiares y amigos dónde están los lugares más peligrosos. A mandarnos mensajes cuando salimos, a preguntarnos si llegamos bien y a recordar de memoria los sectores donde tenemos que prestar más atención.

Nos acostumbramos a viajar tensos, con los ojos clavados en el asfalto, tratando de descubrir a tiempo el próximo pozo y pendientes de las maniobras peligrosas de otros conductores. Como si manejar por la Ruta 151 fuera una prueba constante de reflejos y de suerte.

Y, sobre todo, nos acostumbramos a agradecer cuando llegamos a destino.

Y lo más preocupante es que dejamos de sorprendernos.

En vez de disfrutar del viaje, vamos constantemente tratando de prevenir o evitar un accidente.

Pero no debería ser así.

No puede ser normal que para ir al médico, trabajar, estudiar, hacer un trámite, visitar a la familia o asistir a un casamiento tengamos que salir pensando en los pozos que vamos a encontrar.

Tampoco puede ser normal que tengamos que compartir una ruta deteriorada con camiones, bitrenes, colectivos y camionetas de empresas petroleras, mientras algunos conductores hacen maniobras peligrosas o circulan a velocidades que no corresponden. Hay locos al volante que no les importa la vida de los demás.

Y hay algo que me da todavía más bronca.

La Ruta 151 no es cualquier camino. Es uno de los corredores que conecta a Catriel y nuestra región con la actividad petrolera y los movimientos de transporte vinculados con Vaca Muerta. Parece una obviedad decirlo, pero es así: es una de las rutas más importantes del país.

Por acá circulan camiones con equipos, materiales e insumos, camionetas de empresas y trabajadores que forman parte de una industria que mueve muchísimo dinero y que es presentada como uno de los grandes motores económicos del país.

Pero mientras vemos anuncios de inversiones millonarias para producir y transportar petróleo y gas, nosotros seguimos viajando por una ruta llena de pozos. Llena de peligros acechándonos todo el tiempo.

¿Cómo puede ser que una región que genera tanta riqueza todavía tenga que soportar semejantes condiciones para circular?

No estoy diciendo que las empresas petroleras sean las responsables de reparar una ruta nacional. Esa obligación corresponde a los organismos del Estado que tienen a cargo su mantenimiento. Vialidad Nacional, el primero de ellos.

Pero sí creo que hay una contradicción enorme entre la importancia que se le da al desarrollo de Vaca Muerta y lo poco que se nota esa importancia cuando miramos el estado de los caminos que necesitamos transitar todos los días.

Porque por el mismo corredor que mueve parte de la economía petrolera también viajan nuestras familias.

Y eso fue exactamente lo que hicimos nosotros ese fin de semana.

El domingo 18 regresábamos con mi pareja hacia Catriel. Cuando pasamos por el sector cercano a La Escondida, nos encontramos con el accidente.

Había una camioneta y un automóvil blanco. Una ambulancia estaba llegando y comenzaban a asistir a las personas involucradas.

Pasamos cuando recién estaban llegando los equipos de emergencia. Incluso alcancé a tomar una fotografía para VientoSur.

En ese momento no sabíamos qué tan grave había sido el accidente. No sabíamos que una familia estaba atravesando una tragedia.

Horas después nos enteramos de que había muerto una adolescente de apenas 15 años.

También había otras personas afectadas.

Y ahí todo lo que habíamos hablado el sábado, todos los pozos que habíamos encontrado y todas las advertencias que compartimos con nuestra familia cobraron otro sentido.

Porque nosotros también recorrimos ese mismo camino.

Podría haber sido mi pareja, podría haber sido yo, podría haber sido mi papá y su compañera.

Podría haber sido cualquiera de ustedes que hoy está leyendo esto.

No lo digo para exagerar ni para dar miedo. Lo digo porque fue lo que sentí cuando entendí la gravedad de lo que había ocurrido.

Una familia había salido de viaje y terminó atravesando una tragedia. Y encima ocurrió en el Día de la Madre.

No hace falta dar nombres, ni contar detalles. Esa familia merece respeto y la posibilidad de atravesar su dolor sin quedar expuesta innecesariamente.

En este medio publicamos la primera cobertura con la fotografía que tomé cuando llegaba la asistencia médica. Después, cuando se conocieron las consecuencias, ampliamos la información sobre la muerte de la adolescente y las otras personas afectadas.

Y lo peor es que no es la primera vez que pienso en lo cerca que podemos estar de una tragedia.

Hace unos once años yo también sufrí un accidente en la Ruta 151, cerca de La Escondida.

Volvía de Cipolletti a Catriel. Me habían llevado a dedo en un Fiat Uno y viajaba en el asiento trasero, sin cinturón de seguridad disponible, agarrado de una manija.

Había llovido durante tres días y la ruta estaba en malas condiciones. Muy parecido a nuestra actualidad.

El conductor circulaba a una velocidad que recuerdo cercana a los 150 kilómetros por hora. En un momento, encontramos un camión que ocupaba parte de nuestro lado de la calzada.

En vez de reducir la velocidad, el conductor intentó pasar pegándose al costado derecho.

Nos comimos un pozo. El auto perdió estabilidad, el conductor intentó corregir y terminamos volcando.

Salimos de la ruta y recorrimos una distancia enorme hasta que una zona de barro y agua nos frenó.

Fueron apenas segundos, pero lo viví como si hubieran sido minutos.

Todavía me acuerdo de ese momento. Y todavía pienso que tuvimos una suerte tremenda.

Porque si hubiera venido otro vehículo de frente, si el auto hubiera volcado de otra manera o si no hubiéramos terminado en ese barro, quizás hoy no estaría escribiendo esto.

También tengo claro que aquel accidente no ocurrió solamente por un pozo.

El conductor iba a una velocidad peligrosísima. Yo viajaba sin cinturón (porque no funcionaban). Hubo decisiones equivocadas y una ruta en malas condiciones.

Todo eso se juntó.

Por eso sé que un accidente puede tener muchas causas. Y durante las primeras horas tampoco quise afirmar que el estado de la Ruta 151 había provocado el choque del domingo en el que murió esta adolescente.

Pero hoy sabemos un poco más sobre lo que pudo haber pasado.

El comisario inspector Javier Yañez explicó a Diario Río Negro que, según las primeras pericias y las entrevistas realizadas, un vehículo que todavía no había sido identificado habría frenado bruscamente ante un pozo de gran tamaño sobre la calzada.

Detrás circulaban una Renault Kangoo y el Volkswagen Gol blanco. Según esa reconstrucción preliminar, el Gol se habría desplazado hacia el carril contrario ante la maniobra ajena y terminó impactando contra una Ford Ranger que venía de frente.

El funcionario ubicó el accidente entre los kilómetros 101 y 102.

Es una explicación preliminar, no una conclusión definitiva. Todavía deben establecerse las circunstancias completas del choque y las responsabilidades que correspondan dentro del ámbito de la investigación judicial correspondiente.

Pero hay un dato que ya no podemos ignorar: el pozo que al principio aparecía en versiones de vecinos ahora también forma parte de la reconstrucción que las autoridades están investigando.

Eso no demuestra por sí solo que el deterioro de la ruta haya sido la causa del fallecimiento de la adolescente. Pero significa que la posible intervención de ese pozo necesita ser esclarecida y que las condiciones de la calzada merecen una investigación seria.

Y aunque todavía falten respuestas sobre el accidente, hay algo que todos conocemos desde hace años: la Ruta 151 está reventada y los reclamos por su reparación llevan demasiado tiempo sin una solución definitiva.

Lo saben los vecinos, los camioneros, las empresas, los intendentes, los gobernadores y Vialidad Nacional.

Este problema no empezó ahora. Viene de hace décadas y atravesó gobiernos nacionales de distintos partidos. De todos los colores políticos.

Pero que venga de lejos no significa que nadie sea responsable. Significa que hubo muchos gobiernos que tuvieron la oportunidad y la obligación de resolverlo.

Pasaron Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri, Alberto Fernández y ahora Javier Milei. Cada uno recibió una ruta con problemas conocidos, reclamos de los vecinos y necesidades de mantenimiento que no podían ignorarse.

No todos gobernaron durante el mismo tiempo ni tomaron las mismas decisiones. Pero ninguno puede escudarse en lo que dejó el anterior para evitar explicar qué hizo durante su propia gestión.

Y el gobierno actual tampoco queda afuera de esa responsabilidad. Javier Milei no inventó los pozos de la Ruta 151, pero mientras los tramos sigan bajo responsabilidad de Vialidad Nacional, su administración debe responder por el mantenimiento que le corresponde, por las obras pendientes y por las medidas mínimas necesarias para que podamos circular con seguridad.

Porque cuando un problema atraviesa tantos gobiernos, la responsabilidad no desaparece. Se acumulan las preguntas que cada uno debe responder.

Durante años escuchamos anuncios de obras, inversiones, licitaciones, presupuestos y promesas.

Algunos arreglos se hicieron, eso es cierto. Pero evidentemente nunca alcanzaron para resolver el problema.

En VientoSur contamos varias veces la historia política de la Ruta 151, los reclamos de Catriel y las obras que fueron quedando pendientes.

Y hay algo que me cuesta muchísimo entender.

El 8 de octubre de 2025, la Justicia Federal ordenó a Vialidad Nacional presentar un plan para reparar la ruta en diez días, comenzar los trabajos dentro de los 90 y cumplir las obras ordenadas en un plazo de seis meses, según informó el Gobierno de Río Negro.

Una orden judicial. No un comentario de Facebook ni una promesa de campaña.

Después hubo intervenciones parciales. Pero un año más tarde seguimos encontrándonos con pozos enormes, deformaciones y sectores muy peligrosos.

Y el 13 de octubre de 2026, apenas cinco días antes del accidente fatal, el Gobierno de Río Negro volvió a reclamar reparaciones urgentes a Vialidad Nacional, especialmente después de las últimas lluvias.

Entonces yo me pregunto: ¿qué pasó durante todo ese tiempo?

¿Qué hizo Vialidad Nacional? ¿Qué trabajos se realizaron realmente y cuáles quedaron pendientes? ¿Alguien controla que se cumpla lo que ordenó la Justicia? ¿Quién revisa los pozos después de las lluvias y quién se ocupa de señalizar los lugares peligrosos?

No conozco todas las respuestas.

No tengo idea si Vialidad Nacional cumplió por completo la orden judicial o si quedaron cosas sin hacer. Me arriesgaría a decir que no cumplió ni un cuarto de lo que se le ordenó. Pero justamente por eso creo que hay que exigir que muestren los documentos, las obras y los resultados.

Porque los pozos siguen estando. Y nosotros seguimos viajando.

Ahora Nación y Provincia avanzan con un traspaso por etapas. El gobernador Alberto Weretilneck anunció que el primer paquete de transferencia está previsto para el 29 de octubre.

Ojalá sirva para que finalmente se hagan las obras necesarias. De verdad, ojalá que sí.

Pero mientras tanto, ¿qué hacemos? ¿Seguimos esquivando pozos hasta que terminen los trámites?

Los camiones no dejan de pasar mientras los gobiernos negocian. Las familias tampoco pueden dejar de viajar. Las ambulancias siguen circulando y la gente de Catriel tiene que seguir trabajando, estudiando y haciendo su vida.

La noche del accidente, un motociclista grabó videos cerca del lugar de la tragedia. Mostró un pozo enorme y relató cómo algunos vehículos hacían maniobras para esquivarlo. También denunció que, cuando llegó, no encontró señalización visible que advirtiera del peligro. Horas después, Diario Río Negro publicó que se habia colocado una consigna policial en el lugar del accidente. Otra vez la respuesta llega después de una tragedia. Siempre funciona así, corremos detrás del problema. Nunca nos anticipamos.

Y esta claro que ese testimonio no reemplaza una pericia y no permite saber por sí solo qué provocó el accidente. Pero, junto con la reconstrucción preliminar de la Policía, vuelve todavía más urgente conocer qué condiciones de seguridad tenía ese tramo.

Este lunes, después de la tragedia, la Municipalidad de Catriel informó que realizó trabajos de bacheo en los kilómetros 100 y 107 de la Ruta Nacional 151.

Es importante reconocer esa intervención. Pero el propio Municipio aclaró que se trata de arreglos provisorios y que la ruta necesita obras mucho más grandes. De hecho, lo viene repitiendo en cada oportunidad en que realiza algún tipo de bacheo o actividad preventiva de concientización.

Vuelvo a preguntarme algo: ¿por qué seguimos llegando a esta situación?

¿Por qué, después de tantos años de reclamos y de una orden judicial para reparar la ruta, todavía necesitamos tapar pozos de urgencia?

No estoy diciendo que esos bacheos hubieran evitado el accidente. Eso no lo sabemos.

Lo que sí creo es que tenemos derecho a preguntar qué se hizo antes, qué se está haciendo ahora y cuánto tiempo más vamos a seguir dependiendo de arreglos que no solucionan el problema de fondo.

Estoy escribiendo esto con mucha bronca, con tristeza y con una impotencia enorme.

Porque siento que nos acostumbramos a los pozos, a las promesas, a los anuncios y a que los gobiernos se pasen las responsabilidades.

Nos acostumbramos incluso a depender de la suerte.

Pero también hay algo más que me da vueltas en la cabeza. Nuestra falta de organización.

Catriel ya demostró que puede organizarse cuando siente que nadie escucha sus reclamos.

En 2011 hubo una pueblada que muchos vecinos todavía recuerdan. Todo arrancó con personas que reclamaban trabajo. Después se sumaron otros vecinos cansados de esperar respuestas por las escuelas, la vivienda, las obras y distintos problemas de la ciudad.

La protesta se extendió durante nueve días e incluyó cortes en los accesos a Catriel. Hubo asambleas, se formó una multisectorial y se consiguieron reuniones con funcionarios, sindicatos y empresas. También hubo compromisos de trabajo y otras respuestas.

Eso no significa que todo se haya solucionado, ni que todas las decisiones tomadas durante aquella protesta hayan sido correctas. Un corte de ruta también afecta a familias, trabajadores y comerciantes. No es eso lo que estoy proponiendo.

Pero aquella pueblada dejó una enseñanza: cuando Catriel logró organizarse alrededor de reclamos concretos, consiguió que los escucharan.

Y hoy me pregunto si no deberíamos recuperar algo de ese espíritu.

Ojo. No hablo de cortar la ruta ni de poner en riesgo a nadie. Hablo de dejar de reclamar cada uno por su lado. De dejar de expresarnos únicamente en las redes.

Y hoy no estamos empezando de cero.

Hay familiares de víctimas de la Ruta 151 que vienen haciendo algo que merece muchísimo respeto. Después de atravesar pérdidas que ninguno de nosotros quisiera vivir, encontraron la fuerza para seguir reclamando que otras familias no tengan que pasar por lo mismo.

Cada día 26 se reúnen en el acceso sur de Catriel. Hicieron abrazos simbólicos, volanteadas, encuentros de concientización y actividades para recordar a quienes murieron. Muchas veces estuvieron acompañados por vecinos, instituciones y autoridades de Catriel y 25 de Mayo.

Ahí estuvieron, mes tras mes, sosteniendo un reclamo que debería importarnos a todos.

El próximo lunes 26 de octubre está prevista una nueva convocatoria en el acceso sur. Y creo que esta vez tenemos una razón más para preguntarnos qué estamos haciendo nosotros para acompañarlos. Independientemente de si nos gusta o no esta gestión municipal, o la de 25 de Mayo, quienes suelen encabezar estas actividades. El reclamo por una ruta segura debería unirnos más allá de nuestras diferencias políticas.

Porque es fácil indignarse cuando vemos una noticia. Es fácil comentar, compartir una foto, insultar a los políticos o escribir que alguien tiene que hacer algo. Yo también siento esa bronca. Yo también he hecho eso.

Pero después pasan los días. Volvemos a nuestras ocupaciones, seguimos viajando por la misma ruta y muchas veces el reclamo queda, otra vez, únicamente sobre los hombros de quienes perdieron a alguien.

Y eso es lo que me parece que tenemos que cambiar.

En las últimas horas también empezaron a aparecer vecinos dispuestos a acompañar una movilización comunitaria. El doctor Facundo Ferrari, por ejemplo, expresó públicamente que estaría presente si el pueblo de Catriel decidiera organizarse.

No hay que confundir esas expresiones con una convocatoria ya definida. Pero muestran que hay personas con ganas de involucrarse.

Entonces me pregunto: ¿y si empezamos por acompañar de verdad a quienes ya vienen reclamando?

No hablo de apropiarnos de su encuentro ni de convertir el recuerdo de las víctimas en una actividad política. Ese espacio pertenece, ante todo, a las familias y debe respetarse lo que ellas quieran hacer.

Hablo de estar presentes, escuchar y demostrar que no están solas.

Y después, si hay voluntad de los vecinos y de los propios organizadores, encontrar otro momento y un lugar seguro para sentarnos a trabajar en un reclamo común. Una asamblea abierta en la que puedan participar las familias, los transportistas, los comerciantes, los sindicatos, las instituciones y todos los que usamos la ruta.

Una asamblea que no termine solamente en discursos.

Que sirva para pedir reuniones formales con quienes tienen responsabilidades sobre la Ruta 151. Para exigir que informen qué obras se harán, en qué sectores, con qué presupuesto y en qué plazos.

Para reclamar inspecciones y señalización de los lugares peligrosos. Para conocer qué pasó con la orden judicial de 2025. Para saber qué tareas realizó Vialidad Nacional, cuáles están pendientes y qué compromisos asumirá Río Negro cuando reciba los tramos correspondientes.

Y, sobre todo, para que las respuestas queden por escrito y podamos controlar si se cumplen.

Porque los familiares ya hicieron mucho. Los vecinos que vienen sosteniendo este reclamo también.

Quizás lo que falta es que el resto de Catriel dejemos de acompañarlos solamente con palabras.

Porque no puede ser que para viajar desde Catriel tengamos que conocer de memoria dónde están los pozos, avisarnos entre nosotros y rezar para tener suerte.

Salir de casa y volver sano no debería depender de la suerte. Debería ser lo normal.

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ph: Juan Thomes

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