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De África a Australia, pasando por la Patagonia: J. M. Coetzee y Fabián Martinez Siccardi se enfrentan a la colonización y el genocidio

El escritor argentino y el premio Nobel de origen sudafricano escribieron Un mal salvaje, libro en el que se preguntan acerca de su situación frente a la brutal historia colonial de los países en que se criaron. En la nota, una reseña del libro y de cómo llegaron a escribirlo.

1.Un mal salvaje: desde el Sur y de un sur a otro

Este año, J. M. Coetzee, el escritor nacido en Sudáfrica que en 2003 ganó el Premio Nobel, estuvo en Buenos Aires para presentar en la Feria del Libro dos nuevos libros de conversaciones: Don de lenguas, con la traductora y escritora argentina residente en Berlín Mariana Dimópulos (traducido por Esther Cross), y el libro que reseñaremos aquí brevemente: Un mal salvaje, de autoría compartida entre Coetzee y el escritor argentino Fabián Martínez Siccardi (que además tradujo el libro del inglés en que se escribió originalmente).

Martínez Siccardi nació en 1964 y pasó gran parte de su infancia en la Patagonia, entre Gallegos, Patagones y Roca. Varias de sus novelas y cuentos están ambientados en esta región, y este año publicará un libro que se suma a los varios en los que trabaja con su historia y la de los pueblos originarios. Además, el escritor coordina hace tres años el ciclo La Palabra Indígena en la Feria del Libro de Buenos Aires (en cuyo marco se presentó el libro que nos ocupa), que surgió de su iniciativa. Ver la entrevista que complementa esta nota.

Un mal salvaje tiene cierta relevancia para el pueblo mapuche y todas las personas que habitan o se interesan por esta parte del mundo, no solo porque en él sus autores se refieren a la historia de la colonización de “Pampa y Patagonia, Argentina” (como eligieron denominar a esta región), sino también porque intentan pensar esa historia en relación a la de Sudáfrica, Namibia y Australia. El libro se compone de la transcripción (aparentemente, muy editada por escrito) de una conversación entre los dos autores, reseñas históricas basadas en fuentes historiográficas recientes y un texto autobiográfico de cada uno, en el que cada autor cuenta –a partir de recuerdos de su infancia– cómo resonó en su biografía la historia de las regiones en las que les tocó crecer.


Es con uno de esos textos que comienza el libro, el de Fabián Martínez Siccardi. Se trata de la traducción, con algunas modificaciones, de un ensayo autobiográfico titulado “Feeling Southern: A Patagonian Story”, que se publicó en febrero de 2019 en la revista literaria Granta (una de las más prestigiosas del mundo). En la versión en español que se publica en este libro, Martínez Siccardi omitió varios párrafos en los que desarrolla algunos aspectos de su biografía. Esto le da al relato un carácter menos personal. Algo similar pasa en el caso del texto autobiográfico de Coetzee, que solo incluye los detalles personales estrictamente necesarios. Quizás este esfuerzo por quitarle singularidad a sus experiencias personales –que, por otra parte, pueden rastrearse en toda la obra de ambos autores– pretende destacar que cada uno es una muestra de un tipo social, para así orientar su conversación a una reflexión ética situada históricamente.

En todo caso, las preguntas más importantes que se hace este libro son éticas. Es principalmente Coetzee quien se encarga de hacerlas. En la conversación con Martínez Siccardi (titulada “Desde un sur a otro”), mientras el argentino adelanta algunas de las cuestiones históricas que tratará en su reseña (las relaciones entre el pueblo mapuche y el Estado argentino, hasta llegar a la denominada “Conquista del desierto”), Coetzee aporta datos sobre la historia del concepto de genocidio (entre otras cuestiones de alcance global) y plantea preguntas como la siguiente: “¿cómo nos posicionamos, moral y éticamente, frente a las personas sobre las que escribimos?”.

Y sobre el final del libro, en una reflexión firmada por los dos, ambos autores agregan:


¿Qué deberíamos hacer nosotros, como occidentales recientemente iluminados, para pagar nuestra deuda y redimir nuestro pasado colonial? La contrapregunta con que cerramos este libro es: ¿Quiénes se creen ustedes para arrogarse la autoridad de cómo debe pagarse su deuda? ¿No le corresponde acaso a los sobrevivientes de sus genocidios prescribir la reparación? (el subrayado es de ellos)

Quizás lo más valioso de este libro radique en esas preguntas, en la disposición ética que implican o quieren alcanzar. Es también destacable el lugar que le dan a los esfuerzos que en los últimas décadas hicieron numerosos historiadores (muchos de ellos, integrantes de pueblos originarios) desde la historiografía universitaria, para construir o respaldar otras versiones de estas historias, en las que sus víctimas sean tenidas en cuenta y tengan una voz. Las personas que lean el libro y quieran también comprometerse con el recorrido ético y epistemológico que propone, encontrarán mencionados en la lista de fuentes libros como En el país del no me acuerdo. Archivos y memorias del genocidio del Estado Argentino sobre los pueblos originarios, 1870-1950, compilación de artículos realizada por Walter Delrío, Diego Escolar y Marisa Malvestitti; donde varios investigadores se refieren a lo que pasó en lugares como la isla Martín García, los ingenios de Tucumán o la misión El Toba del oeste de Formosa. El libro está disponible para su descarga gratuita en la web.

En la presentación del libro, Martínez Siccardi señaló (aunque en otros términos) que no puede menospreciarse la importancia de que un premio Nobel le ponga la firma a un libro sobre una cuestión que en Argentina aún sigue siendo desconocida o soslayada, una cuestión sobre la que se hacen afirmaciones completamente erróneas y hace mucho refutadas, no solo por los propios pueblos originarios, sino también por la legislación vigente (artículo 75 inciso 17 de la Constitución, Convenio 169 de la OIT) y por la historiografía que se produce en diversas universidades.

La historia de cómo estos dos autores llegaron a escribir este libro también es interesante, porque muestra el modo en que la decisión que tomó Coetzee de intentar correr el eje del inglés al español, y del norte al sur, lo llevó a conocer y trabajar con alguien que acaso no hubiera conocido de otra manera. También, porque es la historia de dos personas decididamente internacionales, con biografías que se formaron en un ir y venir por diferentes territorios e idiomas.

2.Coetzee, Argentina y Fabián Martínez Siccardi

J. M. Coetzee nació en Sudáfrica en 1940, en una familia de afrikaners, los descendientes de los colonizadores holandeses que llegaron a la actual Ciudad del Cabo a mediados del siglo XVII, que hasta mediados de los noventa controlaron la vida política y económica de ese país y –como hasta hoy la mayor parte de la población sudafricana– hablan afrikaans. La familia de Coetzee, sin embargo, tenía una gran vocación anglófila, y el inglés es en Sudáfrica el idioma de la cultura urbana y metropolitana, mientras el Afrikaans es el idioma de los boers (campesinos) de las zonas rurales. De esta manera, el idioma en que escribió su extensa obra (compuesta de novelas y ensayos, principalmente) fue desde el inicio algo familiar y extraño a la vez: aunque en alguna ocasión recordó que durante su infancia nunca escuchó “una oración en Afrikaans sin una palabra de inglés, y viceversa”, también ha afirmado que siempre abordó el inglés “como lo haría un extranjero”. Esta distancia respecto de la lengua y de la tradición literaria en las que se inscribió desde sus
comienzos (además de escritor, es profesor de literatura inglesa), se fue transformando en una problematización cada vez más profunda.


En 2002, cuando ya era un escritor y un catedrático consagrado (al año siguiente, como dijimos, ganaría el Nóbel) se fue a vivir a Australia, donde aún trabaja como “honorary research fellow” en la universidad de Adelaide. En 2006 adoptó la ciudadanía australiana.
Este cambio de residencia lo llevó a elaborar una mirada acerca de las literaturas del Sur, entendiendo allí (a diferencia del concepto de Sur Global) las literaturas de Australia, Latinoamérica y África. Su relación con el idioma español, y luego con Argentina, también fue una influencia importante –aunque tardía– en ese proceso.

La traducción según Coetzee

En 2013, con su decimosegunda novela (La infancia de jesús, traducción del español Miguel Temprano García), Coetzee comenzó a publicar las traducciones al español de sus libros antes que los originales en inglés, y los originales primero en Australia que en EE. UU o Inglaterra. De esta manera, invirtió el orden en que usualmente se publican las obras literarias. A partir de La muerte de jesús, eligió traductoras argentinas, y con El polaco, Mariana Dimópulos no solo lo tradujo, sino que intervino decisivamente en el texto, al punto de que Coetzee considera a la versión en español como la original y trató – sin éxito– que en Europa se la traduzca desde esa versión. En el caso de Siete cuentos morales, publicado en 2018 y traducido por Elena Marengo, el volumen aún no fue publicado en inglés (aunque la versiones en inglés de los cuentos se publicaron en revistas y otros libros). Coetzee ha afirmado que con esto busca resistir “la hegemonía del idioma inglés”. El recelo que esta decisión despertó en lectores angloparlantes puede notarse en este artículo del sitio web estadounidense Public Books, del que tomamos algunos datos.

Entre 2015 y 2018 Coetzee se acercó mucho más a Argentina cuando comenzó a dirigir una serie de seminarios en la Universidad Nacional de San Martín, la “Cátedra Coetzee”, en los que se propuso estimular las relaciones culturales sur-sur a partir del estudio y la edición de autores de Australia y África, y de una serie de residencias de escritores argentinos en Australia, con el objetivo de que “los practicantes y estudiantes de las tres literaturas [de Sudáfrica, Argentina y Australia] puedan encontrarse e interactuar sin mediación del norte”, como afirmó en una charla pública de 2018.

Fabián Martínez Siccardi se anotó en esos seminarios (que en 2018 dejaron de dictarse por el recorte presupuestario del gobierno de Macri) principalmente para conocer de cerca a un autor que admiraba. “Mi admiración por el premio Nobel sudafricano es rayana en lo preocupante: he leído casi todos sus libros, algunos tres o cuatro veces, y las mañanas que no logro escribir mis historias traduzco algún pasaje de sus novelas para destrabarme”, escribió en una nota publicada en la revista Anfibia. Para el año 2015, Martínez Siccardi ya
era un escritor bastante reconocido en Argentina: en 2013 ganó el premio Clarín de novela, y era un considerable éxito de ventas su primer libro, publicado en 2012: Patagonia iluminada, novela juvenil ambientada en el lago Cardiel, zona de la provincia de Santa Cruz
donde el escritor pasó años decisivos de su infancia y que –como puede verse en la entrevista que complementa a esta nota– es el núcleo donde se origina una gran parte (quizás la más importante) de su obra.

Esta nota fue escrita por Mauro Moschini. Es escritor. Obtuvo el título de Licenciado en Letras en la UBA. Publicó libros de cuentos, ensayos y poemas. Trabajó como docente en escuelas secundarias y coordinó algunos talleres literarios. Colabora con notas en distintas revistas web. 

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